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Editorial de esta semana: LA CULPA Y EL DESTINO - Pensar hasta dónde estamos hechos de sentidos comunes fabricados y pensados especialmente para dominarnos, es a veces un poco espeluznante. El patriarcado y el cristianismo son dos corrientes políticas que han generado dispositivos de los más poderosos. .... leer la editorial completa ....

miércoles, 28 de marzo de 2012

SE NOS CANTA OCUPAR LA CALLE... AHORA Y SIEMPRE

(HIJOS Alto Valle).- Se nos canta ocupar la calle porque desde hace 36 años la impunidad se ha instalado aún más entre nosotros, como si fuera un ciudadano común que convive cotidianamente con toda la sociedad. Desde hace 17 años, las y los HIJOS, venimos queriendo desandar los pasos de ésa impunidad para sembrar la denuncia e instalar la idea de justicia. En el camino hemos encontrado obstáculos, broncas, alegrías y, también...esperanza; porque sabemos que la equidad y la justicia sólo se conquistan con la lucha cotidiana del Pueblo en la calle.
En el transcurso de estos años vimos cómo la justicia no se efectivizaba, no se concretaba y traía aparejada la impunidad. Hoy por hoy vemos que eso que nos hacen creer como "justicia" no sólo crea impunidad sino que la garantiza, la consolida. Juicios y poder judicial no son sinónimos de Justicia sino que son herramientas del estado para hacernos pensar que vivimos en una supuesta paz social y que, con procesos judiciales atomizados y fragmentados, hemos llegado a consolidar la memoria y las condenas a los genocidas.
Nunca hemos confiado en el Poder Judicial, ya que a tantos años de Impunidad brindada a los genocidas, se le suman la cárcel y la persecución de aquellos y aquellas que luchan, y ése tiempo nos ha demostrado a quién se protege y a quién se condena. Pensemos por un instante en la idea de un juicio televisado como el que dará inicio este próximo miércoles 28, en el cual se visualiza claramente para quién está funcionando el Poder Judicial: ¿los militantes en una sala con televisión seremos meros espectadores de este circo judicial mientras los genocidas serán acompañados de todos los dispositivo legales para garantizar su impunidad? Queda claro una vez más: si esta “justicia” no es ecuánime y nunca llegará a serlo, hay que aprender a construir otra.
Los procesos judiciales hasta aquí llevados a cabo, esta justicia falsa, han garantizado que desde la recuperación de los gobiernos constitucionales y desde la reapertura de los juicios en 2003, 288 genocidas lograran la "impunidad biológica" y 274 fueran condenados; esto quiere decir que con esta “justicia” hay más muertos que condenados.
Se nos canta ocupar la calle porque siempre entendimos que el Silencio y el “no te metás” fueron herramientas fundamentales de todas las dictaduras y de la sociedad cómplice que garantizó la impunidad y el accionar de estos genocidas, para sosegar la lucha de nuestros padres; estrategias que se han perpetuado también en épocas democráticas. También afirmamos convencidos y convencidas que el silencio sigue siendo un instrumento de este gobierno para acallar e invisibilizar la lucha y garantizar la impunidad de eso que quieren hacernos ver como “justicia”; por eso uno de nuestros objetivos fue, es y será luchar contra la Impunidad y el Silencio. Creemos que la justicia sólo se logrará si existe trabajo, educación, vivienda, salud y derecho a la identidad, y que ésta llegará de la mano de la construcción colectiva de una sociedad protagonista de su organización y de su rumbo.
Para que este ideal sea genuino es necesario evitar maniqueísmos absolutos, polarizaciones mentirosas que este gobierno nos propone. Debemos ser críticos y no aceptar las negociaciones que nos ofrecen. No aceptamos "Fútbol para todos" a cambio de precarización laboral; asignación universal por hijo a cambio de sojización de los campos productivos; estatización de las AFJP a cambio de cianuro en el agua; pelea contra los monopolios informativos a cambio de ocultamiento; incremento de la productividad a cambio de cooptación de los sindicatos; entre otros. ¿Qué memoria construimos y de qué futuro nos hablan sin Julio López, sin Luciano Arruga, sin Sergio Ávalos sin Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, sin Silvia Suppo, sin Mariano Ferreyra, sin Diego Bonefoi, sin Carlos Fuentealba, sin Florencia Pennachi y todas las mujeres secuestradas para ser prostituidas, sin los QOM asesinados en defensa de sus tierras y sin los compañeros del Frente Darío Santillán de Rosario?
¿Cómo se hace para mantener viva la memoria de nuestros padres y su proyecto revolucionario si todas y todos somos considerados terroristas? Y cuando decimos que la memoria esté presente y activa denunciamos la apropiación de los lugares de lucha y de la puesta en escena de discursos que sólo se quedan en el terreno de lo simbólico y lo meramente testimonial. Señalamos que reivindicar los derechos por los cuales vivieron y lucharon nuestros padres, y en el presente llevamos a cabo junto a tantos compañeros y compañeras de distintos espacios políticos y sociales; no equivale a ser terroristas. ¿Cómo se entiende la construcción de un presente dinámico y verdaderamente crítico si es, nuevamente, el Poder Judicial el que acompaña y avala la criminalización de la protesta y la estigmatización social de los militantes del campo popular como terroristas?
Se nos canta ocupar la calle porque hoy, a 36 años del golpe cívico militar pensamos que el legado de los compañeros y las compañeras revolucionarias del '70 sólo se confirma con la justicia popular en la calle. Ésa generación entendió que se debían desarticular los andamiajes de un sistema inequívocamente desigual e injusto y para que ello sucediera había que transformar, cambiar un modelo económico, social y político. Evidente es el grado de compromiso, coherencia y lucha que ellos y ellas supieron mantener... y a partir del cual hemos podido comprender el sentido profundo que tenía la lucha de la generación de nuestros viejos: esa terca idea de construir un mundo distinto, justo, solidario, muy diferente a éste en el que vivimos hoy.
A 36 años del golpe genocida del 76, decimos que no pudieron con el sueño revolucionario, que su lucha hoy está más viva que nunca porque la generación de nuestros padres y sus compañeros y compañeras nos marcó el camino. Hoy, los hijos e hijas de la conciencia histórica y la lucha activa creemos en sus proyectos revolucionarios y es en la calle donde seguiremos aportando a la utopía. La esperanza pone nuevos nombres, nombra la ausencia, y reinventa la prueba de que es posible el sueño revolucionario. Por ellos y ellas, por nosotros, por todos y todas, por la memoria, por el futuro, por la utopía… se nos canta ocupar la calle.

NI UN PASO ATRÁS
SI NO HAY JUSTICIA, HAY ESCRACHE

(Documento leído en el acto por el 24 de Marzo.)