Resulta grosero a esta altura hablar de informar, formar y educar, después de más de 15 años de utilización a mansalva y de manera irracional de una batería (artillería) de productos que ni siquiera en los diez años de la guerra de Vietnam se llegaron a arrojar sobre las tierras, aguas y animales, plantas y personas.
Pareciera que tanto unos como otros tienen serias dificultades para ver lo que sucede en la realidad más real de la vida de los pueblos y ciudades del interior. Como si las prolijas y refinadas explicaciones técnicas de algún experto venenólogo pudiera cambiar la matriz lucrativa de un sistema que está dispuesto a seguir tirando ya no solo glifosato en cantidades astronómicas, sino también del aun más letal "glufosinato de amonio", con la compañía infaltable del temible 2-4 D o de dicamba. Sin contar que aun nos siguen vaciando sobre un territorio donde vivimos 12 millones de personas, lo que queda y hay que terminar a toda costa -aun de nuestras vidas- de endosulfán, sin mencionar el incremento de los millones de litros de Clorpirifós, también metamidofos.

