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jueves, 7 de marzo de 2013

ARGENTINA, ¿UNA POTENCIA MINERA?


Argentina, ¿una potencia minera?Buenos Aires (Marcha).-Durante la semana, desde Yacimientos Mineros de Agua de Dionisio pronosticaron el “provechoso” futuro de los emprendimientos megamineros en Argentina. Quiénes son los verdaderos ganadores de este modelo, los efectos del mismo y la resistencia de los pueblos y comunidades.


En la Argentina “la minería vino para quedarse”, afirmó el titular de Yacimientos Mineros de Agua de Dionisio (YMAD), Manuel Benítez, refiriéndose al creciente desarrollo que han tenido a lo largo de los últimos años los emprendimientos mineros en nuestro país. En particular aquellos dedicados a la extracción de minerales metalíferos como cobre, oro, plata y litio, cuyo destino es la exportación a países centrales como Estados Unidos, Bélgica y Japón.


YMAD, una empresa interestatal integrada por el Gobierno de la provincia de Catamarca, el Estado argentino y la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), viene de alcanzar el año pasado un récord histórico de producción ubicado en torno a los 9300 kilos de plata y 700 kilos de oro, con una inversión de 100 millones de dólares. YMAD opera en las explotaciones de Farallón Negro y Bajo de la Alumbrera, este última de forma conjunta con Minera Alumbrera (Xstrata Copper y otras empresas de capital extranjero). En relación con esto señalaba Benítez que “si bien el 2012 fue el año de la consolidación, al 2013 yo lo llamo el año del trabajo, el año en el que se consolidan los trabajos que comenzaron en esta etapa, el año en el que seguimos invirtiendo en proyectos importantes”. Dichas inversiones han alcanzado solamente para minera Bajo la Alumbrera los 1700 millones de dólares desde su puesta en marcha en el año 1997 y le vienen reportando a lo largo de los años a las empresas que la explotan una cifra cercana a los 1500 millones de dólares anuales. Es preciso recordar que el emprendimiento minero Bajo de la Alumbrera se ha convertido en el paradigma de la actividad metalífera argentina de orientación exportadora, cuyos efectos ambientales y expoliativos para los pueblos y comunidades que habitan esas zonas no han dejado de sentirse.

Acumulación por desposesión o la historia de la megaminería

La historia de Bajo de la Alumbrera se remonta a los años 90, momento en el cual comienzan a desarrollarse los grandes proyectos mineros (Cerro Vanguardia, Salar del hombre muerto) de la mano del capital extranjero, lo que implicó ante todo un cambio en la concepción de la producción minera existente hasta ese momento en el país.

Durante el proceso de sanción de las leyes reformas del Estado y la apertura económica, se sancionaron también una serie de medidas tendientes a facilitar a las grandes empresas mineras extranjeras el desarrollo de los emprendimientos de minería a cielo abierto. De esta manera fueron sancionadas la leyes “de explotación minera” (24.228 y 24.226), que fijaron las regalías que las empresas debían pagar en el 3% del valor declarado en boca de mina y la exención de impuestos, como los derechos de importación de bienes de capital.

Todo este proceso de reforma fiscal y de cambio de paradigma de la explotación minera llevó a que Argentina se convirtiese en uno de los principales países exportadores de minerales. Como afirma Benítez “en pocos años hemos pasado de ser un país periférico a ser uno de los grandes jugadores en minería del mundo, por lo que para los mineros sólo hay buenas expectativas”. Las buenas expectativas señaladas por el titular de YMAD, que es también vicepresidente de la Cámara de Empresarios Mineros (CAEM), dan cuenta de la realidad que afecta a grupos de capital extranjero como el ya mencionado Xstrata Copper, Barrick Gold Corp o Northen Orion, pero subsume bajo esta idea de progreso y desarrollo la realidad que viven los pueblos y comunidades afectados por la megaminería. Esa realidad incluye la contaminación con productos químicos, debida a las filtraciones sufridas por los diques de cola, que llevan a la contracción de enfermedades y problemas en la producción agrícola, así como contaminación de cuencas de ríos.

Por otro lado, las zonas donde se extiende la megaminería llevan también al incremento de la prostitución y se convierten en zonas rojas, lugares en los cuales las enfermedades venéras aumentan de manera exponencial. Son también estos mismos pueblos afectados por los mega emprendimientos quienes desde hace más de una década resisten a lo largo de toda la cordillera de Los Andes, defendiendo los ríos, el suelo y la vida, desde Esquel a Andalgalá.

Este panorama que trae el desarrollo megaminero no es desconocido por Benítez, quien señala que "por supuesto que la minería es de por sí un sector de la economía con importante riesgo”, aunque termina afirmando que “Argentina ha hecho muy bien los deberes en cuanto a país minero, y seguimos trabajando para consolidarlo”.

Por otra parte el responsable de YMAD señaló: “La actividad minera va a permitir el desarrollo de los pueblos radicados en las zonas más alejadas de los centros urbanos, promoviendo la mano de obra local, el desarrollo tecnológico y, fundamentalmente, la inversión genuina que beneficia a todos los argentinos”.

Es preciso señalar sin embargo que los emprendimientos megamineros no solo han provocado en muchos casos el abandono por parte de las comunidades locales de sus zonas de residencia y producción por los problemas mas arriba mencionados, sino que tampoco se ha convertido en un fuente de trabajo genuino. Los emprendimientos megamineros han redundado en unos pocos puestos laborales. Solo basta mencionar por ejemplo que en Belén, Andalgalá y Santa María, en la provincia de Catamarca, se han generado apenas 481 empleos vinculados a la explotación metalífera en la región.