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viernes, 1 de agosto de 2014
NUESTRA EDITORIAL DE LA PUBLICACIÓN PRENSA DEL PUEBLO (EN PAPEL)
El Bolsón (ANPP).-En este nuevo número de Prensa del Pueblo papel, queremos acercar
nuevas miradas que se animan a construir en tiempos que pareciera que
todo está perdido, podrido y sin posibilidad de salida.
Y tal vez, sea necesaria esa reflexión, la de poder pensar quiénes
están detrás de generarnos esa sensación. Cuáles son los objetivos que
se plantean y cómo ponen en marcha esa inmensa maquinaria de las
sensaciones.
Podríamos nombrar uno por uno a cada uno de los que intentan
diariamente que entremos en “su” mundo. Pero confiamos en que cada uno
pueda y sepa reconocer a los que tiene más cerca. Nos venden un mundo
construido, en el que hay seres de diferentes clases, con diferentes
derechos y en los que solamente unos pocos podrán llegar a ser
considerados seres con derecho a la felicidad.
Quién tiene tiempo últimamente para pensar ¿qué es la felicidad?
Claro, tiempo es lo que falta, porque cada vez tenemos que trabajar más
para poder acceder a “eso” que se nos vende como la puerta a la
felicidad. Llámese TV, plasma, auto último modelo, ropa de marca tal,
teléfono celular o lo que el Mercado ofrezca.
El consumismo nos ha entrado por los poros y con él la idea de que uno
es según cuanto tiene. Si no tengo, no soy nadie. Si tengo un celular
última generación, entonces sí soy alguien. Y si soy alguien porque
tengo ese teléfono, dejo de serlo (y de ser) cuando ya no lo tengo. Si
alguien nos saca el mencionado celular, sin dudas, sentiré que me han
sacado la estima y el incontable tiempo que gasté de mi vida en
conseguir el dinero para poder comprar el aparatito. ¿Pero somos
conscientes de que nuestra estima, nuestra vida, ha quedado atada a un
aparatito?
En estas situaciones perdemos de vista que, sin darnos cuenta, hemos
entrado al mundo que nos proponen, en el que unos y otros queremos ser
en función de lo que tengamos: el aparatito que nos permite “ser
alguien”. Este mundo se vuelve cada vez más violento, porque todos
quieren lo que sólo alcanza para unos pocos. Es un mundo en el que los
que llegan a “ser alguien” es porque logran diferenciarse de la gran
mayoría a través de lo que llegan a adquirir. Cuestiones materiales que
los diferencian de la masa, del común. Así construyen estima a partir de
la destrucción de la de los otros. Un modelo que necesita de muchos
perdedores hará que haya algunos pocos ganadores. Muchos perdedores que
no estarán nunca a gusto, ni siquiera con el cuento de que si aumentan
las horas de trabajo, el ritmo de trabajo, algún día lograrán “estar del
otro lado”. La alienación se vuelve violencia. Violencia contra sus
seres más queridos, contra quienes no nos dejan “avanzar, progresar” en
esta carrera por llegar a ser.
Entonces muchos hablarán de la escasez de mano dura, otros de la falta
de oportunidades (en los casos más progresistas, creyendo que dentro
del capitalismo existen aún oportunidades para todos).
Rápidamente, pobreza se transforma en sinónimo de violencia y
nuevamente quedan fuera de cuadro quienes son los responsables de la
pobreza, de vendernos el consumismo y el egoísmo para desarrollar una
idea de “progreso” que sólo puede ser individual.
¿No es violencia cuando especulan con la necesidad de la gente,
vendiendo a 5 lo que vale 1? ¿No es violencia mostrar en sus góndolas y
vidrieras todo aquello a lo cual muchos no podemos acceder? ¿No es
violencia que en esta “lógica” lo material pase a valer más que las
personas, que lo humano? ¿No es violencia no tener un lugar mínimo para
vivir, tener una huerta, un jardín para nuestros hijos mientras algunos
se adueñan ilegalmente de miles de hectáreas?
Desarmar esa violencia no es sencillo, porque hemos nacido y crecido
en este sistema. Sin embargo, son muchas las personas que arman grupos,
ocupan lugares y se dedican a desanudar esa violencia construyendo
formas nuevas de relacionarse, de asegurar lo que es necesario para
vivir dignamente (que nada tiene que ver con lo que nos plantea el
sistema capitalista), y poco a poco construyen conciencia, solidaridad
poniendo en marcha el motor más poderoso: El motor que es capaz de
cambiarlo todo, el motor que puede transformar violencia en justicia
social. Ese motor somos nosotros mismos.
Los invitamos a compartir algunas notas que hemos seleccionado y que
consideramos son ejemplo de cómo se puede transformar.
Las historias no contadas comienzan a hacerse oír, las mujeres alzan
sus puños en señal de dignidad, los medios alternativos de comunicación
popular difunden aquello que el poder y su discurso hegemónico intentan
silenciar y muchas organizaciones y colectivos populares ofrecen una
tenaz resistencia contra el sistema dominante, planteando alternativas
de vida justas, autogestivas, horizontales, dignas y solidarias.
¡Arriba los que luchan!