Los casos:
VERGARA-EL HOYO-CHUBUT-2003.
Una cruz con el nombre de Gumersindo siempre estará en la comisaría de El Hoyo, donde lo mataron.
Fue el mismo hermano de Gumersindo, el único que logró ver los perdigones que tenía en el cuerpo y los machucones de los golpes que había recibido pocas horas antes. Eso y su eterna desconfianza por como se había comportado siempre "la autoridad" (léase la policía, el gobierno, tanto municipal como provincial y a la distancia, muy pero muy lejos, también el nacional) lo que hizo que el mismo Atilio se presentara ante el único abogado que pensó que podía llegar a defender a su hermano y su familia: Cristian Hendrickse.
La mañana misma que Gumersindo no había aparecido en su casa, Margarita Mardones, su compañera, madre de ocho pibes con Gumersindo, fue también corriendo a la comisaría de El Hoyo. "Quiero saber qué van a hacer con Gumersindo. ¿Dónde está? ¿Cómo está? Qué es lo que van a hacer con él." le preguntó Margarita al policía que la atendió. Sin darle casi ninguna explicación, solo le pidieron que vuelva a su casa y que traiga los documentos de su esposo, a esa hora ya fallecido.
Cuando regresó, le contaron la versión oficial de la muerte de Gumersindo: que se había ahorcado en el calabozo de la comisaría y que luego un juez iba a entregarle el cuerpo. "¿Qué Gumersindo se mató? Eso no puede ser. El no me va a dejar sola con ocho hijos. Eso es una mentira de ustedes" fue lo que pensó y dijo Margarita, quien nunca dudó, en ningún momento, que su esposo había sido asesinado por esos policías que la estaban atendiendo o por algunos de sus compañeros. Fueron ellos mismos, la policía de El Hoyo, el pueblo donde nació Gumersindo, los que en febrero del 2003 le habían dado una paliza a dos de sus hijos adolescentes, sin ninguna razón de por medio, sólo "la autoridad".